El otro día leí en un post de instagram que existe una palabra japonesa muy bonita para describir la luz del sol que atraviesa las ramas y las hojas de los árboles: komorebi. Lo cual me llevó a pensar en lo bonito que es descubrir la mirada de otras lenguas con respecto a algún hecho o aspecto de la vida. Así pues, me puse a investigar si existía alguna palabra similar que significara “mirar a través de la copa de vino” o algo parecido. Mi búsqueda no fue fructífera en ese sentido, pero me llevó a descubrir otras expresiones relacionadas que sí que me parecen dignas de mención.
Por ejemplo, tenchijin es la palabra japonesa que define la conjunción de los tres elementos indispensables que hacen posible la creación del vino: el cielo, la tierra, el hombre, y es la palabra que han usado un par de dibujantes del manga Drops of God (Las gotas de Dios) Yuko y Shin Kibayashi, que posteriormente se ha convertido en una serie de televisión de éxito con el vino como trasfondo. Es inevitable pensar en un término tan discutido y alabado como es el terroir.
Otra palabra que me llamó mucho la atención es la palabra noruega utepils que va más allá de de la traducción literal de “cerveza al aire libre”, realmente hace referencia a las ansiadas primeras bebidas (habitualmente alcohólicas) en el exterior con familia y amigos como ritual veraniego y que se usa a menudo en términos de vino. Ett utepils vin…
De mi querida Italia proviene el término sfumato, usado para una técnica pictórica en el arte renacentista con la que se superponen varias capas que producen un efecto de profundidad. En el caso del vino hace referencia a cómo varios aromas se mezclan suavemente sin aristas, símbolo de elegancia contenida. Un vino veramente sfumato…
Por otro lado, en alemán existe una palabra, Abgang, que significa “final” con un connotación de “despedida” que aplicado al vino se usa con un sentido de persistencia serena que deja sensaciones placenteras (que uno incluso no quiere que lo abandonen). Die Weins Abgang…
Finalmente, del francés me quedo con élevage, referido a la crianza del vino, en el sentido de educarlo, acompañarlo en su crecimiento para llevarlo a un lugar mejor, a su madurez.
Debo admitir que el uso del lenguaje es algo que siempre me ha fascinado, supongo que viene dado por mi formación anterior como traductor y de la cual no puedo escapar. Por este motivo, me gustaría compartir una reflexión a título personal en torno al lenguaje o las palabras que usamos para referirnos al vino. A lo largo de mi proceso de aprendizaje sobre esta pasión convertida en profesión que es la sumillería, me he encontrado en situaciones en las cuales he notado que repito “mantras” o comentarios que algún compañero utiliza de descripciones que ha escuchado en otro lugar. El problema no radica en apropiarse de argumentos para defender opiniones sobre el vino, sino más bien usarlos indiscriminadamente para aparentar saber o conocer sobre algo sin realmente entender o contrastar el argumento que se está defendiendo. Y aquí me declaro culpable, ya sea por vergüenza a admitir que no sé demasiado sobre vino o que simplemente no domino ese ámbito, admito que he usado palabras que consideraba adecuadas para referirme a un vino, sin pensar si realmente se ajustan a mi experiencia en aquel momento. Han pasado algunos años y me he dado cuenta que por mucho tiempo que dedique a aprender sobre este tema, siempre habrá cuestiones que se me escaparán. También es verdad que he ganado confianza tras viajes memorables, numerosas catas y formaciones incontables. Y aún así, siempre hay alguién que te enseña algo nuevo o te ayuda a entender cuestiones que antes tal vez no estabas preparado para entender. Y eso sucede muy a menudo en la Central del Vino, por lo que me gustaría felicitar a Ricardo Herrera, detrás de ese magnífico lugar de encuentro de apasionados del vino.
Por otro lado, también me gustaría recalcar que si bien en el pasado me preocupaba la imagen que pudiera dar como profesional del sector, ahora ya no me importa tanto causar una buena impresión o simplemente le quito importancia al hecho de no saber sobre algún aspecto importante del vino o saber menos que otros interlocutores. Entonces me pregunto, ¿qué necesidad tenemos de aparentar? Qué queremos demostrar (lo que no es)? El aspecto elitista y de competencia en el mundo del vino no es uno de los aspectos que me llamen la atención de ese maravilloso mundo. Al contrario, me causan rechazo. Y si en lugar de competir usáramos nuestros conocimientos para acompañar y ayudar?
Así pues, se puede describir un vino con los términos adecuados a base de experiencia y desde la comprensión de sus elementos estructurales desglosándolos uno por uno, tanto por separado como en conjunto. Desde luego, a través una aproximación analítica sinceramente creo que es el camino ideal. Pero qué sucede cuando quiero comunicar con más profundidad. Por qué nunca hablamos de cómo nos hace sentir un vino? Desde hace un tiempo, con la aparición del marketing como elemento clave en las campañas de cualquier empresa, y aquí incluyo el sector del vino, las emociones que se generan a través de las historias y las experiencias personales detrás de las botellas de vino han cambiado el método de comunicación. Parece no interesar tanto conceptos sobre la elaboración como puede ser la crianza y ha resurgido el interés por las personas, sus historias y su entorno. En ese sentido, podríamos aprovechar para ir un paso más allá y dejarnos llevar por la emociones que nos genera una copa de vino y utilizar esas mismas sensaciones para describirlo. “Se trata de un vino que me hace pensar en un día soleado regresando de la playa” o “Es un vino que envuelve con la calidez de una noche de invierno delante de un fuego de hogar” o “La ligereza de este me vino me hace volar”, por decir algunas ideas que me pasan por la cabeza.
Porque al fin y al cabo, analizar y describir un vino no deja de ser un ejercicio de subjetividad absoluta y aunque parezca lo contrario, no todo está escrito, ni todo está dicho en este mundo. Así pues, buscar la autenticidad, reivindicarse a uno mismo en un mundo de copias e inteligencia artificial parece la forma más inteligente de ser natural.
Marc Greco
Dip WSET, Sommelier.